Uno no está ni mucho menos por encima del bien y del mal y le picaba en su amor propio ver como sus comentaristas habituales que sí que se refieren en estas páginas, merecidamente, a otros blogs sobre literatura, se abstienen, en cambio, de hacer la menor alusión a este de aquí en esos otros foros que frecuentan. De entrada -y así acabo de manifestarlo- la situación me chocaba, mas de recapacitarse un poquete sobre ello -como hice- la misma llega asumirse y hasta verse lógica sin demasiado esfuerzo, ya que mientras que la materia principal que da origen al debate en esos otros web sites es la crítica literaría, que, en esencia, habrá de interesar a todo aquel al que le place leer, el meollo de las presentes páginas no lo forman -en cambio- sino las melonadas que se le han ido y se le van ocurriendo al baranda que ha abierto el chiringuito. Este, su seguro servidor. Y, claro, lógico es que a él, que parece no importarle demasiado exhibirse, otros lectores lo puedan tachar de cazurro, o cualesquiera otra cosa parecida, mas no lo es tanto, o no lo es en modo alguno, contar en esa tesitura con la colaboración de un corifeo.

Y a pesar de todo, de que -sí- me encantaría que mi nombre corriera de byte en byte por los más afamados salones literarios virtuales de la blogsfera, lo siento, no voy a dedicarme en estas páginas a hacer crítica literaria. Sí, recomendaciones de lecturas. Sólo recomendaciones. Veamos las razones que me han llevado a adoptar esta postura.....

No tengo vocación masoquista. Tampoco me paga nadie por encargarme de hacer algo tan antipático. Entonces... me siento incapaz de leerme un libro que no me gusta, que no me dice nada, que no me parece que esté bien escrito, que puede.. ocurre a menudo.. llegar a producirme sonrojo e incluso hacer que me sienta culpable. No soy un hombre resignado. Ni fuerte.

Reconoceros, de esta forma, sin pudor, esa debilidad de mi carácter: carezco de paciencia con los libros: no, no les otorgo a estas desvergonzadas criaturas de papel demasiadas oportunidades. Nunca lo he hecho. Dos, tres, cuatro páginas y si me parece que el asunto no carbura, ¡plas!, cierro el tomacho, y me dedico a cualquier otra cosa que me resulte más gratificante. ¿Explotar en el buscaminas?. ¡Por ejemplo!. Entonces, quedamos en que soy tan tan radical y tan poco amigo de los sacrificios, que, con solo unos pocos elementos de convicción para hacerlo, me atrevo ya a emitir un veredicto: un párrafo.. otro párrafo.. uno más y ¡zas! pasando de Pink Floyd y de la Abeja Maya ¡culpable!. Ni Calígula, vamos. ¿Cómo, cojones, ha podido publicarse algo así?. Indignación, abandono y la paz recobrada con el tercer estallido de una mina traidora. Los elementos de juicio no han sido muchos, es cierto -me digo...- pero presentaban una contundencia formidable -...para intentar tranquilizar mi conciencia-.

Al revés: no, al revés no me pasa, menudo mamonazo estoy hecho, si esos primeros párrafos han conseguido concitar mi atención, eso no garantiza que vaya a tratarles a los que los siguen con una mayor deferencia. Si pienso que la trama flojea o -también y por encima de todo- que en realidad no aparece por ninguna parte ese estilo que al inicio del relato, y con el auxilio de mi buena fé, me pareció atisbar en los decires del cuentista ¡plaff! lo oclusiono al tomo de igual modo, que estaba ya pasándose el asunto de ordinario y de coñazo. Y.. bueeeno.. no me parece honesto ponerme a criticar algo -y ponerme a dilucidar las correspondientes responsabilidades- con tan menguado acercamiento a su exégesis.

Esas, y no otras, son las razones por las que no se hace crítica literaria en este blog.

Tal cual. Si la obra me parece mala, no la leo. Y si no la he leído, dificilmente voy a ser capaz luego de tener arrestos morales suficientes para ponerme a criticarla. Y si me parece buena, lo único que se me ocurre decir al respecto es recomendar a la gente su lectura. Ahora bien... sí que me aventuro a afirmar -con el inestimable auxilio que en ese sentido nos prestan: los vips, los fnacs y demás librerías sin libreros en las que te cabe manosear y hasta ponerte a leer, si dispones de tiempo libre, los volúmenes de los expositores- que las tres primeras páginas de la inmensa mayoría de novelas publicadas que se escriben por estas tierras son, y espero con ello no herir susceptibilidades, manifiestamente mejorables, como antaño se reconocía del agro español. Y las excepciones van a corresponder justamente a los relatos de aquellos autores que tal vez, por casualidad y magnánimamente pudieran llegar a leer estas parrafadas mías. Las de estos otros sí que molan. ¡Anda qué no!.

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PARA LEER: Yo, Claudio (ROBERT GRAVES)

PARA ESCUCHAR: The Death Of Cool (KITCHENS OF DISTINCTION)